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La vida de Jonathan cambió por un centímetro

México perdió un soldado y ganó un ingeniero en tecnología ambiental.

La vida de Jonathan Morales Hernández cambió por un centímetro de estatura. Carente de recursos económicos, desde niño veía el ejército como la única posibilidad real de estudiar una carrera profesional. Era la única esperanza para una persona como él, que ha sido un guerrero que ha logrado vencer adversidades infinitas. 

Sin embargo, a pesar de su talento y su extraordinaria condición física, en el reconocimiento médico quedó fuera al registrar un metro y 62 centímetros. Fue así como México perdió un soldado y ganó un ingeniero en tecnología ambiental.

Jonathan Morales Hernández nació en el puerto de Salina Cruz, Oaxaca, en el Istmo de Tehuantepec. Fue el hijo mayor del hogar formado por su madre y 4 hijos. Tenía cuatro años de edad cuando su padre murió por lo que tuvo que trabajar desde pequeño para poder pagar sus estudios. 

Inició trabajando a los doce años de edad para culminar su educación primaria. Su madre, con tres hijos más, un hombre y dos mujeres, no podía ayudarle. Y es así como inicio su gran travesía para ser lo que hoy es.

LA LUCHA POR LA VIDA Y EL ESTUDIO

A lo largo de su vida en el camino estudiantil aprendió a ganarse la vida y buscar llevar un sustento a su familia: realizó múltiples trabajos que va desde podar hasta tabiquería tradicional. 

Para costearse sus estudios de secundaria y preparatoria, trabajaba de mesero de fines de semana en eventos. 

Jonathan también trabajó en la empresa especializada en telas y productos relacionados con la costura “Parisina”. Siempre cuidaba el dinero, ya que sabe el valor y esfuerzo que es ganarse ese pequeño sueldo con el que contaba.

Con ayuda de ese sueldo y el esfuerzo en conjunto de su hermano lograron hacerse de un patrimonio para ellos, su madre y hermanas. A pesar de las adversidades, ellos lograron conseguir un lugar al cual llamar su hogar.

EL SUEÑO DE ENTRAR AL EJÉRCITO

Las posibilidades de continuar con su educación superior en Oaxaca eran nulas por lo que pensó continuar con sus estudios ingresando al ejército.

-Era mi chance para superarme y sobresalir- recuerda.

Durante dos años intentó como aspirante causar alta en el ejército. El martes y sábado de cada semana eran dos horas de camino para llegar al Batallón de Infantería. A lo largo de tres meses se mantuvo parado en la entrada, de las seis de la mañana a las tres de la tarde y no pasó de la calle a la puerta pues el reclutador ni siquiera lo recibió.

– Mi proceso fue largo y tedioso. La estatura mínima era 1.63, me faltaba un centímetro y no me aceptaron. Fue un golpe duro y triste. Me pregunté: ¿ahora qué voy a hacer? 

Fueron vivencias dolorosas que Jonathan prefiere borrar de su memoria y enfocarse en el camino que ha trazado hasta ahora.

EL VIAJE A CULIACÁN: UNA RENOVADA ESPERANZA

Jonathan ahora mantiene en su memoria esos momentos como un mal recuerdo pero la vida le demuestra que al no rendirse el querer es poder a pesar de las adversidades y es lo que importa. 

Frustrado y abatido por las circunstancias, impotente por no poder realizar su sueño a pesar de tan grandes sacrificios, sentía que ya no tenía nada que hacer ahí. 

Rechazado por el ejército por un centímetro, sabía que sus posibilidades de salir adelante en Oaxaca eran nulas pues el trabajo en su lugar de nacimiento implicaba un gran esfuerzo por un pago mínimo. 

Fue cuando con el apoyo de su amigo Edwin Yahir Villalobos, quien tenía dos años que había emigrado de Oaxaca a Culiacán lo invito a vivir con él.

Jonathan no contaba con el dinero suficiente para viajar y fue apoyado por su amigo. Es así como el 10 de abril de 2018 llegó a Culiacán lleno de ambición por un nuevo futuro.

Inicio trabajando en diferentes puestos, desarrollando las habilidades que ya tenía y adquiriendo nuevas.

Un día una compañera le llevó folletos de la carrera de ingeniería en tecnología ambiental, a Jonathan le agradó y le dio sus documentos. Ella lo inscribió, él hizo el examen y convirtió en realidad su sueño de ingresar a la universidad. Actualmente Jonathan cursa el séptimo cuatrimestre y costea sus estudios trabajando de mesero en el icónico bar El Guayabo.

AMANTE DE LA NATURALEZA

Jonathan ama la naturaleza. Desde joven ha tenido un gran interés por los ecosistemas y el ambiente a su alrededor.

En su trayecto en la universidad adquirió nuevos conocimientos y gracias a que se le asigna un proyecto para manejar los residuos del campus, se le permitió expandir el amor a su profesión.

El proyecto como plan original comprendía un centro de acopio, una planta de residuos y compostaje, y un área compactadora en un espacio determinado.

– Para que el proyecto no quedara en el papel pusimos manos a la obra e iniciamos un movimiento social al interior de la universidad para proteger la naturaleza y educar a la sociedad para cambiar nuestra manera de vivir y de pensar. Todos queremos los paisajes hermosos pero nadie los sabe cuidar o hacer algo para que se mantengan.

Fue así como comenzó la instalación de un centro de acopio de residuos reciclables en la Universidad Tecnológica de Culiacán.

– Me gusta el medio ambiente, es una de las razones por las que estoy aquí –dijo para concluir con una sonrisa-. He descubierto que soy bueno en esto y hoy quiero ser mejor.

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